¿Has querido alguna vez aprender a catar un buen vino? Seguramente te lo has planteado más de una vez y en este artículo te ayudamos a dar el primer paso. Hace unos años, una prestigiosa enóloga española describió ciertas notas de un vino en los siguientes términos: «me recuerda a las enaguas recién almidonadas de una monja ursulina». Sin llegar a ese nivel, te damos unos breves consejos o trucos para empezar a aprender a catar vinos y quedar estupendamente en una cena con amigos, en una comida de empresa o simplemente para tu propio disfrute:

  1. La fase previa: no debemos tener sabores en la boca: por haber comido o fumado un rato antes o haber tomado café, ni tampoco usar perfumes, entre otros detalles a tener en cuenta. La idea es no tapar las características organolépticas (esto es, que nos revelan los sentidos) del vino.
  2. La copa: nada mejor que una copa clásica de vino. Debe estar siempre inmaculada y tener una forma concreta: un pie ancho para que sea estable y un tallo suficientemente largo para no tener que tocar el cáliz, la parte que contiene el vino, y que a su vez tendrá forma de tulipán, esto es, con el borde superior levemente cerrado, para retener los aromas. Se cambiará la copa por cada vino que se vaya a catar.

  1. La fase visual: antes de probar el vino, empezaremos la cata por la fase visual. Se servirá sólo un poco en la copa, tomándola por su pie o del tallo, nunca del cáliz. Esto se hace para no alterar la temperatura del vino. Se inclinará la copa entre 35°-45°, se elevará a la altura de la vista, y en contraste con la luz o un fondo blanco, se examinará el color. En tintos, si es joven el color tenderá hacia el cereza brillante o rubí, y si es un vino envejecido con crianza, el color será más granate o teja. Teniendo e cuenta que hay innumerables tonos, desde los púrpuras a los violáceos. En vinos blancos, las diferencias oscilarán entre gamas pardas, amarillentas o verdosas. Se analizará también visualmente la viscosidad (densidad o resistencia al flujo) y la efervescencia (principalmente en los vinos espumosos).
  2. Fase olfativa 1. Aromas primarios: acercaremos la copa a nuestra nariz, y sin agitar el vino, intentaremos identificar los aromas primarios o varietales, aquellos que proceden de la naturaleza en genera y que dependen del suelo de donde procede la uva, el lugar donde se encuentra el viñedo y su climatología: aromas de flores, cítricos, tropicales, frutales, mineralizados, de la propia uva… etc. Son las marcas de identidad de la uva y del terreno donde ha madurado.
  3. Fase olfativa 2. Aromas secundarios: después, moveremos un poco el vino para que oxigene y desprenda los olores secundarios, o de la fermentación: los aromas ahora serán caramelizados, lácticos, o pasteleros, a levadura, mantequilla, vainilla, miga de pan, galleta o mantecado, entre muchos otros. En general, la intensidad del aroma dependerá de la cantidad de azúcar que tenga.
  1. Fase olfativa 3. Aromas primarios: moveremos de nuevo el vino, esta vez más intensamente, para percibir los aromas terciarios o bouquet: estos son los adquiridos durante y después de la crianza del vino, son los más complejos, y pueden ser, por ejemplo manzanilla, piel, cuero, miel, ahumado, tabaco o café. Son los producidos durante el contacto con la barrica o durante el reposo en la botella y se clasifican por series: entre otras, la serie animal: piel de zorro, orín de gato, cuero, almizcle…, serie floral-vegetal(trufa, hojas verdes, setas, romero, manzanilla…), serie frutal (manzana, plátano… y su punto de madurez concreto), frutal de confitería (frutos rojos, albaricoques, higos, frutos secos…), serie especias (canela, clavo, nuez moscada…), serie balsámica (eucalipto, regaliz, madera, incienso, canela…), serie madera (resina, pino astilla, caja de puros…), serie empireumática (sometido a fuego violento, esto es: aromas a quemado, ahumado, alquitranado, pólvora, pan tostado…), serie química (azufre, ácido acético…), serie de ésteres, etc.
  2. Fase de gusto. Ataque: procedemos a probarlo. Ese primer momento en que llega a nuestra boca se llama ataque, y deberemos separar los cuatro sabores que tiene el vino: dulce, salado, ácido y amargo, moviendo con la lengua pasaremos el vino de un lado a otro de la boca, y del perfecto equilibrio entre estos cuatro sabores dependerá que denominemos a un vino como «redondo». Después veremos la textura (cómo es el vino al tacto: suave, astringente, rugoso, sedoso, potente…).
  1. Fase de gusto. Retrogusto: tragado el vino, expulsaremos el aire por la nariz para analizar la vía retronasal: cómo es el sabor que deja el vino en la garganta y fosas nasales (sus cualidades negativas y positivas), la amplitud (cantidad de material volátil de un vino y su capacidad de expandir los aromas en boca y nariz) si llena la boca de sabor, es un vino de volumen amplio. Si no llega a los rincones de la boca, de volumen medio, y si el aroma pasa rápido, de volumen corto. También está la duración: el tiempo que permanece ese sabor; así será, por ejemplo, corto (unos segundos) o largo (un minuto).
Vinos para el verano

Con todo estos trucos que te hemos dado ya puedes empezar a catar con propiedad y fundamento un buen vino. El vino ideal sería aquel calificado como redondo, esto es, lleno de aromas y matices, complejos y sutiles, de sabor agradable, bien balanceado entre los cuatro sabores (dulce, salado, ácido y amargo) y el cuerpo. Recuerda que cuanto más practiques cada vez será más fácil percibir las distintas características del vino.

Fuentes de las imágenes: visitnsw.com, medium.com, mie2015.es

Comparte este artículo

Deja un comentario