El día 7 de julio, además de ser el día de San Fermín y de ir a Pamplona con una bota y un calcetín, se celebra el día internacional del chocolate, palabra mágica donde las haya. Aunque esta fecha tiene truco, pues no se celebra en todas partes. En Estados Unidos se cambió al 13 de septiembre: ¿la razón? Es el día en que nació el escritor británico Roald Dahl, probablemente el autor de libros infantiles más importante del siglo XX, autor, entre otras muchas obras, de «Charlie y la fábrica de chocolate» (sí, la del enigmático Willy Wonka, dueño de la fábrica). Los productores franceses hicieron coincidir los días del cacao y del chocolate el mismo día, 7 de julio, día en que se cree llegó el cacao a Europa, desde el año 2010. Por eso se celebra ese día en muchos países de Europa.

Pues para celebrarlo, vamos con unas cuantos apuntes de la historia del chocolate y de su llegada a Madrid:

El dios Quetzalcoatl regaló a los hombres el árbol del cacao (cacaotero). De ahí el nombre que le da Linneo en 1753, Theobroma cacao (del griego theo y broma, «alimento de los dioses»), al igual que teobromina, esto es, la llamada cafeína del cacao, que produce menos estimulación que ésta pero sí más placer al ingerirla (por cierto, también tiene teobromina el guaraná). Los olmecas fueron los primeros en cultivarlo, enseñaron cómo hacerlo a los mayas y éstos, a su vez, vendían su semilla a los aztecas, que finalmente lo aprendieron a preparar de forma líquida y mezclado con especias, bebida a la que llamaron tchocolatl: era espesa, amarga y picante, y se tomaba en las ceremonias religiosas.

En el año 1534, Hernán Cortés envió chocolate a un monje cisterciense del zaragozano Monasterio de Piedra). El conquistador dijo de él: «Cuando uno lo sorbe, puede viajar toda una jornada sin cansarse y sin tener necesidad de alimentarse». El truco está en endulzarlo gracias a la caña de azúcar. A partir de ahora, en Madrid, las damas de la realeza española se apropian del chocolate y lo toman secretamente, en sorbitos, condimentado con especias y a veces con pimienta. El precio en esta época es realmente desorbitado, no accesible para todos. Por otro lado, los miembros de la Iglesia deciden que el chocolate no rompe el ayuno, por lo que puede tomar todo lo que quieran y cuando quieran. La costumbre, tomarlo en jícaras (vasos), como en América.

¿Y en el pueblo de Madrid? ¿Cómo arraiga el chocolate? En el XVII en Madrid el chocolate desata el furor, tanto que se prohíbe la venta callejera y sólo se podrá consumir en el interior de las casas, decorosamente. La calle Postas y Mayor están llenas de confiterías donde se venden infinidad de productos hechos con chocolate. El “chocolate a la española” es una bebida absolutamente popular. Se ha democratizado para siempre.

El siglo XVIII es época de esplendor chocolatero en Madrid: de nuevo se permitirá su venta en numerosos puestos callejeros, servido en sus jícaras. Todo el mundo toma chocolate y se baten récords de importación y de consumo. A finales de siglo se empieza a mecanizar su producción, en especial la molienda. Pero ocurre algo curioso: las familias españolas deciden que el chocolate tiene sus tiempos y que todos los procedimientos se deben realizar a mano, artesanalmente, y en casa. Auténtico slow food. Dos futuros presidentes de Estados Unidos John Adams (el segundo) y John Quincy Adams (el sexto), cruzarán España de camino a París entre 1779 y 1780, y el primero escribirá en su diario sobre la forma de tomar chocolate de las españolas, y dirá que «el chocolate a la española tiene merecida fama mundial». El chocolate se toma en tertulias, cafés, y chocolaterías. Una de las primeras chocolaterías fue Doña Mariquita, en la calle de Alcalá, a mediados del XVIII.

A principios del XIX el chocolate se empieza a fabricar con métodos mecánicos en nuestra ciudad. La primera fábrica con método de elaboración mecanizda, al vapor, será La Compañía Colonial, ubicada en los terrenos donde actualmente está situado el Hotel Ritz, y que para vender el chocolate producido abrirán un establecimiento en la calle Montera. Aún quedarán fábricas de chocolate artesano, como la madrileña La Española, que para distinguirse destacan en su publicidad que su chocolate se realiza «a brazo».

Chocolates Matías López se convierte en la primera fábrica de chocolate de producción a escala industrial. Se establece en Madrid en el año 1844. Sus famosos anuncios forman parte de la historia de la publicidad española. El chocolate se vende ya en tabletas, con las  marcas bien visibles en el envoltorio. Poco después llegarán los cromos en su interior.

A mediados de siglo goza de gran prestigio la chocolatería El Indio, que durará hasta hace bien poco (1994), situada en la calle de La Luna esquina con San Roque. Definitivamente, los precios bajan y el chocolate se toma en Madrid a cualquier hora del día, con leche o sin ella. Por la tarde se bebe como los británicos lo hacen con el té de las cinco.

Otra de las chocolaterías de Madrid más emblemáticas del Madrid del XIX fue la de Venancio Vázquez (sobrino de Matías López, el chocolatero), fundada en el último tercio del siglo, y que estaba situada en la calle del Príncipe, 1. Era el referente para todos los madrileños cuando se hablaba de chocolate. En 1912 la heredó su encargado, Emilio González, que cambió su ubicación a la también céntrica plaza de Canalejas, junto a la Puerta del Sol, manteniendo la acreditada fama ganada gracias a sus chocolates y bombones.

 

En el segundo tercio del siglo XX se populariza el café con leche y el chocolate pasará a un segundo plano, asunto que crea cierta polémica y que genera un movimiento en defensa del chocolate por ser «auténticamente español», reivindicación que aún está viva. De todas formas, el consumo de chocolate en general por parte de los madrileños no ha parado de crecer y año tras año se baten marcas.

Actualmente, los chocolates más refinados se realizan bajo criterios de excelencia, como los del movimiento bean to bar (de la vaina a la tableta), que apuesta por la artesanía, la selección de grano y los nuevos sabores, y cada día están más de moda las catas de chocolate en nuestra ciudad. Larga vida al chocolate.

 

Fuentes de imágenes:  demoslavueltaaldia.com, BNE, mecd.gob

Comparte este artículo

Deja un comentario