TODO SOBRE EL MANTÓN DE MANILA

El mantón de Manila, esa mantilla de seda que llevan las chulapas, manolas y madrileñas de postín o adoptadas, es un complemento del vestuario femenino que no pasa de moda. De vivos colores, con motivos florales, pájaros o geometrías y con sus flecos perimetrales, se lleva como las toquillas, chales y manteos, esto es, sobre los hombros, o también anudado a las caderas.

¿Cuál es el origen del mantón de Manila? La historia del secreto de la seda es bien conocida: los chinos, ya en el año 4.000 A. C. lograron una técnica muy depurada, logrando extraer los hilos de los capullos de los gusanos de seda sin destruirlos, y tejiendo unas telas muy apreciadas en el mundo conocido. Este secreto era cuestión de Estado, hasta el punto en que aquel que intentara sacar los gusanos o sus huevos era condenado a la pena de muerte. Con estas magníficas telas se hacían kimonos, túnicas, colchas y telas para colgar, que en ocasiones llevaban bordados geométricos, florales o de aves, y los mayores especialistas en tejerlos estaban en la provincia de Cantón.

El mantón de Manila

Todas estas telas de seda lisas y bordadas eran llevadas por comerciantes chinos a las Islas Filipinas, pues Manila era el punto de origen de las rutas comerciales, sobre todo desde el siglo XVI, cuando los españoles, con Legazpi a la cabeza, se asentaron en ellas. Establecido el comercio con Filipinas, empezaron a llegar a las ciudades españolas estas telas bordadas de fantasía, de las que se enamoraron las mujeres de la época, sobre todo las pudientes, que tenían acceso a estos caros artículos del lejano oriente. Esa es la razón por la que se les llama mantones de Manila, pues llegaban con los galeones salidos de la capital filipina, aunque ya hemos visto que su origen estaba en la provincia china de Cantón.

¿Y los típicos flecos que rodean el perímetro de los mantones de Manila? Este añadido no es chino: fue en España donde se les añade este detalle a los mantones. La tradición de los flecos en España es de raíz árabe, y son una parte muy importante de los mantones, siendo muy compleja tanto su elaboración como su conservación.

Chulapas con su mantón de Manila

Las mujeres de las clases altas y de la burguesía fueron las que impusieron la moda de los mantones de Manila. Era una prenda que aportaba un toque exótico. Los dibujos, animales y flores diseñadas en China acaban convirtiéndose en motivos más acordes con el gusto de las madrileñas: claveles, rosas, etc. Con el tiempo, las clases más populares acabarán adoptando esta bonita costumbre de echarse un mantón a los hombros o a la cadera; manolas, chulapas, bailaoras flamencas, gitanas… Como ocurre muchas veces en la moda, al ser adoptado por las clases populares, empezará a ser rechazada entre las clases altas con lo que, en cierto modo, el mantón queda un tanto marginado. Los ingleses, desde mediados del XVIII, adoptan también el mantón, convirtiéndolo en un lienzo monocromo, en el que los bordados se confunden con el fondo de hilo de seda. Las clases altas adoptan esta moda británica de los mantones un poco más fríos, ocres, grises… El mantón de Manila español ya no estará en boga durante una época, pero no ha muerto. Volverá con fuerza durante el primer tercio del siglo XX, en que se comienza a llevar de nuevo esta clásica y colorida mantilla oriental en Madrid como un gesto de gracia chulapa. Grandes pintores como Sorolla, Anglada-Camarasa, Ramón Casas o Julio Romero de Torres retratan a infinidad de mujeres con él. Sinónimo de lo pinturero, lo castizo y lo cañí, nunca logró desaparecer del todo, e incluso ahora, en el primer tercio del siglo XXI, parece que ha repuntado la moda del colorido mantón de Manila y hoy día se puede ver fácilmente a chicas jóvenes combinando su mantón con unos vaqueros en las fiestas de San Isidro, La Paloma, San Lorenzo…

¿Cómo se conserva un mantón de Manila? Toda madrileña que tenga un mantón de Manila sabe que guardarlo es una operación complicada, pues requiere de cierta técnica que es preciso conocer. Eso sí:  nunca hay que colgarlos en perchas. Hay dos formas de guardarlos; una es enrollando los mantones sobre sí mismos, haciendo un rulo, como si fuera un lienzo. La otra es dejarlo caer el mantón suavemente, y en la posición en que quede se cierra el cajón. Lo ideal en ambos casos es envolverlos en papel de seda, para prevenir que algo en el cajón se pueda enganchar con nuestro mantón. Los mantones de Manila con cierta antigüedad (más de 100 años) no se deben lavar, debido a sus tintes naturales. Incluso si llueve o con el mismo sudor hay que tener mucho cuidado. Los flecos es una parte muy sensible del mantón, y no se deben planchar, pues habría que volver a enflecarlos. Además, a los mantones con cierta antigüedad se les van soltando los hilos de los bordados, y conviene meterlos para dentro con una aguja gruesa. El objetivo de todas estas operaciones es conservarlos y guardarlos para las siguientes generaciones, algo muy típico entre muchas madrileñas, que tienen mantones de sus abuelas, bisabuelas…

La zarzuela La verbena de La Paloma dedica dos coplillas al mantón de Manila, en concreto el dúo de Julián y La Susana y el coro de chulapos y chulapas, en el que se dice:

Por ser la Virgen de la Paloma,

un mantón de la China-na,

China-na, China-na,

un mantón de la China-na te voy a regalar.

Desde Gran Clavel deseamos larga vida a esta prenda tan madrileña y especial como es el mantón de Manila.

Maravilloso mantón de Manila

Fotos: María Sáinz (A velocidad de crucero), Sancha tradición popular, El Mundo, Barón Terry.

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